Desde los años 40 del siglo pasado Ecuador ha sido un exportador de balsa, pero nunca antes había llegado al lugar en el que se encuentra actualmente: es el mayor exportador de esta materia prima en el mundo. Una actividad que se incrementó en el 2020, hasta en un 67 % más, comparado con el 2019.
De los 855 millones de dólares generados el año pasado por la industria forestal, el 66,6 % está vinculado a la balsa, según datos de la Asociación Ecuatoriana de Industriales de la Madera (AIMA).
Pero esa cifra, no necesariamente acoge solo a la industria formal, por lo que se teme que las denuncias sobre el tema que hacen medios internacionales pueda generar un efecto negativo colateral. “Creo que el mayor riesgo es perder la Marca País que tenemos detrás de la balsa y que hemos forjado en los últimos 60 años”, afirma Ramón del Pino Vivanco, gerente de Plantabal, una de las más importante firmas dedicada al tratamiento industrial de esta madera.
La demanda de balsa tiene una razón. Esta se disparó porque inversores chinos, animados por un subsidio estatal, llegaron con mucho dinero para hacerse con toneladas de esta madera, demandada para fabricar aspas de generadores eólicos, tal como describió en marzo de este año la BBC de Londres.
